Por qué los proyectos de una empresa no terminan de conectarse entre sí

Un estudio de NTT DATA y CIONET relevó a 130 organizaciones de España e Iberoamérica para entender por qué la inteligencia artificial agéntica, después de dos años de pruebas, seguía sin escalar en la mayoría de las empresas. El resultado: solo el 3,8% había logrado llevarla a nivel industrial. El 59,2% seguía con pilotos dispersos, cada uno probado en un área distinta, ninguno generalizado al resto de la organización. La conclusión del estudio es la parte que más vale la pena leer dos veces: el freno no fue técnico.

No fue técnico quiere decir que la tecnología, en cada piloto individual, funcionaba. El problema no estaba adentro de ningún proyecto puntual. Estaba en el espacio entre los proyectos: nadie tenía la función de mirar el conjunto, decidir qué piloto merecía escalar, conectar lo que un área había aprendido con lo que necesitaba otra. Cada equipo resolvió su pedazo razonablemente bien. Lo que faltó fue alguien sosteniendo que todos esos pedazos dijeran lo mismo.

Esa ausencia tiene nombre y no es exclusiva de las corporaciones grandes ni de los proyectos de inteligencia artificial. Es, exactamente, lo que le pasa a una pyme con años de historia cuando alguien revisa todo lo que fue sumando: una promoción en redes que nadie retomó, un proceso de atención que se armó para un cliente grande y nunca se extendió al resto, una promesa que quedó en un cartel de hace tres años y ya no se sostiene en el mostrador. Cada pieza, en su momento, tuvo sentido agregarla. El problema no es ninguna pieza en particular. Es que nada le habla a lo otro, porque nadie tiene, adentro de la empresa, el trabajo específico de que se hablen.

En las empresas grandes ese rol suele tener nombre y organigrama. En la mayoría de las pymes no existe, y no porque falte gente capaz de cumplirlo: falta que sea el trabajo de alguien. El dueño lo intenta sostener a fuerza de memoria y presencia, hasta que el negocio crece lo suficiente como para que ya no le alcance. A partir de ahí, cada área empieza a sumar sus propios pilotos, sus propias promesas, su propia versión de lo que la empresa es. Nadie decidió que dejara de ser coherente. Simplemente dejó de haber alguien mirando el conjunto completo.

Medir esto no requiere una auditoría de inteligencia artificial. Alcanza con una pregunta más simple: de todo lo que esta empresa puso en marcha en el último año y medio, cuánto sigue conectado con lo demás, y cuánto quedó como un piloto disperso que en algún momento pareció una buena idea.

¿Quién, hoy, en esta empresa, tiene como parte de su trabajo asegurarse de que todas las partes digan lo mismo?

—–

Fuente: NTT DATA y CIONET, estudio sobre adopción de IA agéntica en empresas de España e Iberoamérica (2026).


← Volver a Prisma